Sobre el látigo La Regenta y Fray Gerundio de Campazas en el contexto de la literatura de flagelantes

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Irene Gómez Castellano

Resumen

En una de las escenas más conocidas de la Sonata de otoño (1902) de Ramón María del Valle Inclán, el Marqués de Bradomín, un irresistible y maduro “don juan feo, católico y sentimental,” le pide a su amada Concha “¡Azótame, Concha!, ¡Azótame como a un divino Nazareno!” (...) ¡Azótame hasta morir!”. Tras esta petición Concha, ya muy enferma, muere sin confesión en medio del acto sexual. El placer de la literaria pareja y el de los lectores es magnificado por la fusión erótico-religiosa del discurso, presidido por un imaginario látigo de cabello que, en vez de dar dolor, acaricia. Este transgresor látigo hecho de cabello es un perfecto emblema de la fusión estética que se produce a partir del siglo XVIII entre lo erótico y lo religioso en la percepción social de la penitencia física, especialmente la que gira alrededor del látigo y sus variantes.

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Sección Monográfica